Hoy, aquí y ahora, en el Temple Expiatori de la
Sagrada Família, ¿cuál es mi circunstancia? En verdad, ¿quién soy yo? Más aún,
¿hay un «yo» ahora mismo?
Me gusta mucho escribir, pero es solo eso —soy un animal
literario— al igual que Cervantes.
Hay perdón, hay miedo. Y tengo un poco de miedo, pero
también un poco de perdón, in media res.
Buenos días, señor sacerdote.
En verdad, su nombre es muy bonito: Juan Feliz. Sí, es
como un abrazo de la esperanza.
Juan tiene los ojos azules, el pelo rubio y la piel
morena, como un moro del desierto; además, es muy tranquilo, evidentemente.
En cambio, estoy casi siempre aburrido, estresado. En
otras palabras, hay una antítesis entre la realidad secular y la sagrada.
Por hoy, muchas gracias, Juan. Me gusta siempre hablar
contigo.
Hasta luego, mi amigo. Gabriel, el brasileño.
Ahora es una noche negra en Barcelona. En mi espíritu, es
día claro, alegre y calmo, como un río sin piedras en su camino.
Hasta la victoria siempre.
Mi victoria es las lenguas humanas, las personas humanas
y esta ciudad humana: Barcelona.